Deja la preocupación. Un estudio clínico de Psicología y Pico-terapia muestra que 85% de aquellas cosas por las que nos preocupamos terminan teniendo un efecto neutral o positivo. Aun cuando el resultado sea negativo, un 79% las personas descubrieron que no era tan malo como pensaban o que lo manejaron mucho mejor de lo esperado.

 

La preocupación tiene el poder de estorbar en el camino de nuestra felicidad, pero existen maneras de deshacernos de este obstáculo, sin dejar de ser seres emocionales tal y como fuimos creados.

La preocupación en niveles controlados, nos puede ayudar en tiempos de complacencia, flojera o cansancio. Obviamente que la preocupación nos puede ayudar a activarnos para lograr muchas cosas, pero sería mucho más saludable y placentero no ser movidos a la acción por la preocupación si no por la motivación.

El tiempo que perdemos preocupándonos podría ser utilizado de manera productiva.

En esta ocasión solo les compartiré algunos métodos para reducir la preocupación.

Nos queda claro que los pensamientos y las emociones son un proceso interno que se da en nuestro cerebro y que nadie más tiene acceso directo a ellos y que interactuamos con otros por medio de procesos externos.

La preocupación puede ser dividida en dos tipos: 

Eventos futuros inevitables y eventos posiblemente evitables.

Primero, si hay una solución, toda nuestra energía deben de ser enfocada hacia la búsqueda de esta solución y no en la preocupación misma. Si no lográramos la solución, entonces por lo menos estaremos seguros que no desperdiciamos el tiempo preocupándonos, sino en una búsqueda productiva de la mejor solución.

Entenderemos entonces que no hubo falta personal, sino que se trataba de un evento futuro inevitable.

Debemos aceptar lo términos de la naturaleza, llegar a un acuerdo con las realidades, por ejemplo; ¿porqué preocuparnos si nos hacemos viejos, si no hay nada que podamos hacer? Hemos de entender que no hay beneficio alguno en la preocupación. En lugar de perder tiempo en esas preocupaciones, redirijamos nuestra en la búsqueda de solución de aquellas cosas que sí podemos solucionar.

Todo esto podemos lograrlo identificando aquellos eventos futuros inevitables y aquellos eventos posiblemente evitables.

Si te descubres preocupándote por algo que pudiera suceder la próxima semana, primero piensa que “no está sucediendo ahora” segunde, piensa que “tal vez ni siquiera suceda”

Una cantidad innumerable de situaciones pudieran evitar los eventos que esperas. Pudieras ganar la lotería, que se vaya la luz, una invasión de ovnis o la más posible que Dios te ayude de alguna manera u otra, encuentres una solución.

Una vida llena de preocupación puede llevarnos a tener un ataque al corazón, o a la demencia.

Qué pena habernos preocupado tanto tiempo por algo que nunca sucedió o que si sucedió. No tuvo los efectos negativos que esperábamos.

Así que reemplacemos la preocupación por la búsqueda de la solución y por la fe, esta cambiará tu vida.

Te recomiendo ver mi artículo Adiós a la preocupación.

Deja la preocupación. Un estudio clínico de Psicología y Pico-terapia muestra que 85% de aquellas cosas por las que nos preocupamos terminan teniendo un efecto neutral o positivo. Aun cuando el resultado sea negativo, un 79% las personas descubrieron que no era tan malo como pensaban o que lo manejaron mucho mejor de lo esperado.

 

La preocupación tiene el poder de estorbar en el camino de nuestra felicidad, pero existen maneras de deshacernos de este obstáculo, sin dejar de ser seres emocionales tal y como fuimos creados.

La preocupación en niveles controlados, nos puede ayudar en tiempos de complacencia, flojera o cansancio. Obviamente que la preocupación nos puede ayudar a activarnos para lograr muchas cosas, pero sería mucho más saludable y placentero no ser movidos a la acción por la preocupación si no por la motivación.

El tiempo que perdemos preocupándonos podría ser utilizado de manera productiva.

En esta ocasión solo les compartiré algunos métodos para reducir la preocupación.

Nos queda claro que los pensamientos y las emociones son un proceso interno que se da en nuestro cerebro y que nadie más tiene acceso directo a ellos y que interactuamos con otros por medio de procesos externos.

La preocupación puede ser dividida en dos tipos: 

Eventos futuros inevitables y eventos posiblemente evitables.

Primero, si hay una solución, toda nuestra energía deben de ser enfocada hacia la búsqueda de esta solución y no en la preocupación misma. Si no lográramos la solución, entonces por lo menos estaremos seguros que no desperdiciamos el tiempo preocupándonos, sino en una búsqueda productiva de la mejor solución.

Entenderemos entonces que no hubo falta personal, sino que se trataba de un evento futuro inevitable.

Debemos aceptar lo términos de la naturaleza, llegar a un acuerdo con las realidades, por ejemplo; ¿porqué preocuparnos si nos hacemos viejos, si no hay nada que podamos hacer? Hemos de entender que no hay beneficio alguno en la preocupación. En lugar de perder tiempo en esas preocupaciones, redirijamos nuestra en la búsqueda de solución de aquellas cosas que sí podemos solucionar.

Todo esto podemos lograrlo identificando aquellos eventos futuros inevitables y aquellos eventos posiblemente evitables.

Si te descubres preocupándote por algo que pudiera suceder la próxima semana, primero piensa que “no está sucediendo ahora” segunde, piensa que “tal vez ni siquiera suceda”

Una cantidad innumerable de situaciones pudieran evitar los eventos que esperas. Pudieras ganar la lotería, que se vaya la luz, una invasión de ovnis o la más posible que Dios te ayude de alguna manera u otra, encuentres una solución.

Una vida llena de preocupación puede llevarnos a tener un ataque al corazón, o a la demencia.

Qué pena habernos preocupado tanto tiempo por algo que nunca sucedió o que si sucedió. No tuvo los efectos negativos que esperábamos.

Así que reemplacemos la preocupación por la búsqueda de la solución y por la fe, esta cambiará tu vida.

Te recomiendo ver mi artículo Adiós a la preocupación.