La rumiación del pensamiento

como no ser víctima

La rumiación es un proceso cognitivo, implicado en la regulación emocional y el afrontamiento de emociones displacenteras.

Es un molesto círculo vicioso del pensamiento que no te deja estar tranquilo.

También es el fenómeno psicológico que aparece cuando nuestro foco de atención se queda "enganchado" en un elemento real o imaginario que nos produce estrés y malestar. 

El problema

Este proceso tan repetitivo hace que cada vez se vayan acumulando en nuestra memoria más experiencias que hemos vinculado al estrés en ocasiones anteriores, con lo cual la variedad de referencias a nuestro malestar va creciendo con el tiempo.

Esta rumiación hace que nuestro pensamiento adopte un patrón automatizado y repetitivo basado en un mecanismo simple: todos los pensamientos que se nos ocurran serán hilados entre sí para que estén relacionados con nuestro malestar. De este modo, perdemos capacidad de concentración y nos es más difícil manipular ideas de manera voluntaria, ya que todos los elementos terminarán desplazando nuestra atención hacia una experiencia concreta o un pensamiento que nos produce sensaciones negativas.

La afectación

Una de las mayores afectaciones es que el estar pensando solo en la misma molestia produce distracción, sedentarismo, estrés y en muchos casos aparición de síntomas de depresión, además de promover el sedentario 

Como romper este ciclo

1. Deporte

El ejercicio físico es una gran ayuda para combatir la rumiación, entre otras cosas porque, a la vez que nos hace liberar endorfinas, exige de nosotros que nos concentremos en experiencias que ocurren en tiempo real.

Después de cansarnos haciendo ejercicio, nuestros músculos no son los únicos que empiezan a recuperarse: las conexiones neuronales también empiezan a conectarse entre sí de un modo nuevo, después de haber estado dedicadas durante un tiempo a acercarnos a la meta de cada ejercicio físico.

2. Mindfulness

El Mindfulness también ha mostrado ser eficaz para reducir los niveles de ansiedad y para desenganchar la atención de fuentes de estrés. Aunque es cierto que incluso durante la meditación nuestro pensamiento no se detiene (no lo hace ni mientras dormimos), durante estas sesiones toma rutas alternativas, y nos mantiene al margen del pensamiento autorreferencial que crea bucles de malestar y de estrés.

3. Caminar

Algo tan sencillo como salir a dar un paseo puede ayudar a pensar de manera más espontánea, además de servir para liberar endorfinas y descargar tensiones. Si esto se hace en entornos naturales con vegetación y lejos de los ruidos, mejor.

Como en la naturaleza hay una atmósfera que nos ayuda a relajarnos y, a la vez, es difícil encontrar referencias directas a nuestra rutina diaria y a lo que nos produce ansiedad, este tipo de espacios son perfectos para desconectar. Durante el tiempo que pasemos en entornos salvajes, nuestro cerebro aprende a funcionar saliéndose de la ruta marcada por la rumiación, y ese efecto va quedando fijado con el paso del tiempo.

"Pasear los pensamientos negativos no lleva a un círculo vicioso destructivo"

Ben Sánchez

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