adios a la sinceridad

Siempre es escuchado que la sinceridad es una característica positiva. En muchas ocasiones nos jactamos de ser sinceros, sin embargo, la sinceridad no siempre debe de ofrecerse, especialmente cuando esta causa daño.

“Se dice que ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa.”

Es por eso que sí, en ocasiones tenemos que decirle adiós a la sinceridad, peor veamos en cuales casos específicos debemos de guardar la sinceridad para otra ocasión.

Entonces…¿Apelamos a la mentira?

La compasión por el prójimo hace que optemos a veces por una mentira piadosa. Este tipo de mentira es leve, apenas importante y no dura demasiado y puede ser útil e incluso beneficiosa para todos, pues evita conflictos mayores e innecesarios.

No es que pretendamos defender la mentira, ni mucho menos, pero sí queremos transmitir la idea de que ser sincero siempre, con todo el mundo, pase lo que pase no es tampoco la mejor idea si es que no queremos salir mal parados de esas situaciones.

Hoy les hablaremos de algunas ocasiones cuando la sinceridad es mejor dejarla de lado.

  1. Cuando no se nos pide la opinión. En este caso específico hay que entender que si nos e nos pide la opinión es porque la persona o no la necesita o no la quiere o no la quiere de nosotros.
  1. Cuando te pone en peligro. En muchas ocasiones la sinceridad pone en peligro nuestro carácter, nuestra personalidad, nuestro puesto o nuestra relación. En estos casos la sinceridad solo nos hará un daño y no ayudará a nadie.
  1. Cuando nuestra opinión desmotiva es capaz de desmotivar a alguien, Mejor quedémonos en silencio. El problema es que la verdad, en ciertas ocasiones, duele y mucho. No todo el mundo está preparado para recibir ciertas noticias de carácter muy negativo o dramático.
  1. Cuando nuestra critica constructiva es capaz de disminuir a alguien. En este caso, para no terminar mal con todo el mundo, lo ideal es evaluar con anterioridad lo que vamos a decir y calcular si la persona que va a recibir el mensaje está preparada para digerirlo emocionalmente.

El sincericidio ( una clase de suicidio social) acaba desarrollando conflictos con el entorno, porque puede verse como un comportamiento maleducado y, ciertamente, podríamos considerarlo como tal.

Si somos capaces de mostrar empatía por el otro, seremos lo suficientemente precavidos para no hacerle daño y encontraremos las palabras precisas, siempre y cuando no digamos lo contrario a la verdad.

"El hecho de tener la razón no nos da derecho a decirla con rudeza”

El psicólogo Rafael Santandreu dice que para estar a gusto con uno mismo hay que decirse siempre la verdad, pero para estar bien con los demás, no. Es decir, no debemos auto-maquillarnos la verdad que ya conocemos porque caemos en el auto-engaño y esto no nos permitirá afrontar la vida satisfactoriamente.

“Nunca me he arrepentido de haber callado, pero sí de haber hablado”

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