Sanando la herida de la traición

rechazo

“La mayor parte de las traiciones no son realizadas desde la intención sino desde la debilidad”
Ben Sánchez

 

Siempre que alguien quiebra nuestra confianza se abre una herida que tarda en sanar y que incluso a veces no sana nunca.

Esta herida suele mayor cuando quien nos traiciona es algún familiar o alguien de nuestra confianza.

También es cierto que, no todas las decepciones entran dentro de la categoría de traición. En realidad, todos los seres humanos les fallamos a los demás alguna vez.

Hay situaciones en las que no somos capaces de estar a la altura de las circunstancias y terminamos causándole una desilusión a quienes amamos, pero esto no es necesariamente traición.

“La mayor parte de las traiciones no son realizadas desde la intención sino desde la debilidad”
Ben Sánchez

El verdadero sufrimiento es causado por aquellas verdaderas traiciones las que son llevas a cabo deliberadamente. A plena conciencia y por motivos netamente egoistas. La que proviene de quién nos ha prometido y no lo cumple teniendo la posibilidad, siendo consciente de que está faltando a su palabra.

Consecuencias de la traición:

Todas las formas de traición rompen algo establecido implícita o explicitamente, directa o indirectamente.

¿Cómo superar una traición?

Es obvio que el efecto más nocivo de una traición es dejar una profunda huella de desconfianza en quien fue defraudado, ya que este tenderá a desconfiar de todo el mundo, fruto de la experiencia vivida. De ahí que sea importante encontrar una vía para superar la traición. Estas son algunas claves para lograrlo:

La observación objetiva.

Es importante matizar las circunstancias en las cuales se produjo la traición. Sobre todo, examinar con cuidado si hubo una intención deliberada de defraudar o no, ya que las intenciones sí deben de ser tomadas muy en cuenta.

Absolverse de la culpa.

Aunque el traicionado sea la víctima, muchas veces cae en la tentación de reprocharse a sí mismo por haber permitido lo ocurrido. De flagelarse, repitiéndose una y otra vez lo tonto que fue. No se debe asumir la responsabilidad que le corresponde a otro. Y, sobre todo, es importante ser bueno con uno mismo.

Aceptar y aprender.

Es importante no negar lo que sucedió para poder aprender de ello. Lo mejor es aceptarlo y aprovechar no para vivir en desconfianza, pero sí en cautela.

Darse tiempo.

La traición deja los sentimientos desechos muchas veces. Es bueno darse un tiempo para que el impacto inicial ceda y dé lugar a una visión más lúcida de lo sucedido. En este tiempo podremos analizar si en alguna medida nosotros propiciamos o empujamos a la persona a realizar la traición.

Todos fallamos.

Todos los seres humanos fallamos alguna vez. Seguramente en alguna ocasión le hemos fallado a alguien o hemos sido percibidos así. Por duro que sea, es importante hacer un balance entre lo que esa persona ha aportado a nuestra vida y el peso real de su traición.

Lo mejor de todo, perdona.

Perdonar no significa olvida ni aceptar sin consecuencias lo sucedido.

Tampoco hacer como si nada hubiera pasado. Más bien se trata de reconciliarse con uno mismo y aprender a dejar atrás lo ocurrido.

Hacer estas cosas nos permitirá sobrevivir a las traiciones no olvidando que en muchas ocasiones estas no necesariamente lo son o no necesariamente son de su única responsabilidad. Por otro lado, estas pueden ser utilizadas para formar carácter y caminar la vida con cautela.

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