Efectos físicos de la preocupación

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"La preocupación que no controlamos y que se vuelve crónica termina adhiriéndose al cuerpo"

La preocupación que no controlamos y que se vuelve crónica termina adhiriéndose al cuerpo. Es posible que muchos de sus efectos físicos los estés sufriendo en este momento.

Efectos físicos de la preocupación que debes conocer

Los efectos físicos de la preocupación son tan diversos como desconcertantes. Si bien es cierto que hay quien no experimenta más que el recurrente dolor de cabeza, muchas personas acaban desarrollando trastornos psicosomáticos.

La intensidad emocional asociada a los estados de preocupación crónicos pueden cursar con desórdenes del sueño, de la alimentación, etc.

Una investigación de la Universidad de Estatal de Pensilvania (Estados Unidos) afirma que es común caer en ciclos de retroalimentación mental muy peligrosos. 

La preocupación intensifica las emociones de valencia negativa y estas, a su vez, tienen su impacto en nuestro cuerpo, en nuestro organismo y sus funciones.

A continuación veremos cuáles son los efectos físicos de la preocupación.

1. Cefaleas, el martillo en las sienes

Las cefaleas tensionales se asocian de manera directa a los estados de preocupación y estrés. Toda la tensión emocional acumulada durante horas, días o semanas acaba traduciéndose en ese dolor pulsátil en una o ambas partes de la cabeza.

2. Dolor de espalda y de cuello

Las contracturas musculares son todo un clásico cuando sorteamos esas épocas de angustias, inquietudes y problemas no resueltos. Las estructuras nerviosas de la columna vertebral tienden a inflamarse y esto se traduce en dolor de espalda, tensión en el cuello o los hombros, etc.

3. La presión en el pecho, cuando te falta el aire

El origen de la presión en el pecho reside en el nivel elevado de cortisol y adrenalina en sangre. El sistema nervioso parasimpático se hiperactiva y aparece la taquicardia, la presión el pecho y la sensación de que nos falta el aire a cada instante.

4. Desórdenes digestivos y los efectos físicos de la preocupación

Digestiones pesadas, acidez de estómago, malestar, sensación de estar lleno e incluso náuseas.

Tanto el estómago como los intestinos conforman unas estructuras íntimamente ligadas al cerebro. Todo estado emocional tiende a alterar su equilibrio interno.

5. La caída del cabello

Un estudio llevado a cabo por las doctoras Kerstin Foytzik y Petra Ark de la Universidad de Hamburgo señala algo importante. 

Los estados de preocupación crónicos en el tiempo, esos que asientan las bases de la ansiedad y el estrés, tienen como consecuencia la caída del cabello.

Las alteraciones hormonales median esa pérdida de densidad que, la mayoría de las veces, se limita a ser algo temporal.

6. El estrés, las preocupaciones y los eczemas

Otro de los efectos físicos de la preocupación tiene que ver con la piel. Alguna vez nos habremos percatado que en esas épocas en que sufrimos mayor estrés, aparece la sequedad, el enrojecimiento en alguna parte de nuestro cuerpo, incluido el rostro.

La piel se vuelve mucho más sensible cuando lidiamos con emociones como la ansiedad, el estrés, la inquietud… Tanto es así que cabe la posibilidad de padecer ezcemas.

7. Afonía

Cuando las preocupaciones son constantes y el estrés nos acompaña durante semanas o meses, podemos experimentar lo que se conoce como disfonía psicógena.

Este fenómeno surge a raíz de que los músculos de las cuerdas vocales sufran pequeños espasmos que derivan en afonía o pérdida de la voz. Algo también temporal.

8. Mareos repentinos y los efectos físicos de la preocupación

Los mareos son otro de los efectos físicos de la preocupación. El desencadenante está en la hiperventilación, que altera el nivel de oxígeno hasta el punto de sentir mareos o desvanecimientos.

9. Los temblores

Temblor en manos o brazos, en un párpado o sentir, simplemente, que el cuerpo está más torpe de lo normal. ¿Te suena esta sensación?

La preocupación crónica se manifiesta de múltiples maneras y muchas son invalidantes. Estos temblores tienen su origen también en ese sistema parasimpático hiperactivado y en el efecto de las hormonas del estrés.

Para concluir, no es bueno desatender estos indicadores. Cuando el cuerpo habla es porque la mente lleva tiempo solicitando ayuda. Seamos capaces de responder, no dejemos para mañana lo que preocupa hoy y démosle una solución antes de caer en estos laberintos eternos de sufrimiento.

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